Grada Mágica y el espíritu de Pepe Carroll - Juanma González
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Grada Mágica y el espíritu de Pepe Carroll

Hay momentos en la vida de todas las personas que tienen un sabor especial. Momentos que se quedan grabados de una forma poderosa en el recuerdo. Estoy seguro de que actuar durante veinte minutos en Grada Mágica fue uno de esos momentos.

Grada Mágica es una sala muy especial de Madrid. Situada en el barrio de Vallecas, la sala es el cumplimiento de un viejo sueño que dos grandes magos, Miguel Gómez y Armando Gómez, se han atrevido a convertir en una realidad. De las muchas buenas salas de magia que hay en Madrid (y eso que aún no he podido disfrutar de todas), Grada Mágica tiene para mi un sabor especial.

No es sólo que el espacio sea excelente o que por allí pasen algunos de los mejores magos de España y del mundo. No es sólo lo delicioso de su decoración (¡qué preciosas fotos de Ana Sánchez!) o por el maravilloso trato que sientes como espectador. No, no es solo eso. Puede que sea, quizá, que Grada Mágica está dedicada a la memoria de Pepe Carroll.

Pepe Carroll

Pepe Carroll es, desde mis primeros pasos, una inspiración para mi en lo artístico y en lo técnico. Algo en él me ha atraído siempre de una forma poderosa, quizá porque aunque recuerdo haberlo visto en televisión antes incluso de saber quién era, jamás pude conocerlo en persona. A lo largo de los años he podido conocer personalmente a la gran mayoría de mis grandes referentes de la magia: René LavandJuan TamarizJorge Blass, el propio Miguel Gómez, Norbert Ferré… Pero no pude conocer a Pepe Carroll.

A lo largo de los años he conocido a algunos de sus amigos, y siempre he preguntado, con timidez y avidez, por el mago y por el hombre. Gracias a ellos he podido conocer un poco más al mago y desentrañar algunos de los misterios que envuelven al hombre. Siempre imaginé que detrás de esas enormes manos en las que las cartas revoloteaban juguetonas y obedientes, detrás de esa sonrisa deslumbrante y carismática que encandilaba a sus públicos, convivían el genio y las contradicciones de un hombre tímido y reservado, al que sólo era posible conocer si él mismo te permitía atravesar el espejo.

Pepe me sigue fascinando cuando leo sus artículos y sus rutinas, cuando lo veo en un vídeo realizando magia de cerca o en el escenario, cuando lo escucho en alguna vieja entrevista. Por eso, cuando pisé el otro día el escenario de la Grada Mágica, sentí los ojos del público clavándose interrogantes en mi y miré de reojo el retrato que preside la sala, sentí una honda emoción, una descarga que me recorrió la espalda y terminó en la punta de mis dedos. Estaba nervioso, pero de una forma distinta a la que uno se siente antes de empezar cualquier espectáculo. Estaba nervioso porque quise imaginar que Pepe Carroll estaba mirándome. Quise sentir que Pepe me observaba, serio y en silencio, transformar las cartas al conjuro del As.

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